
Y a continuación tu truco de magia. Tratas de crearlo como si fuera tan grandilocuente, engañándote, a la vez, de lo frecuente que es. Primer paso: alzas la mano con pañuelo en mano, lo agitas y agitas y no aparece ninguna moneda. Menester fue, cambiar de truco. Te pones y sacas el sombrero y aquella paloma blanca ni salió de la nada, ni emprendió el vuelo; como si en un segundo, siquiera, te pareciera en peligro de extinción. Pestañeas y , pronto, te das cuenta de que, no tienes la edad de antaño en la que todo lo que en tu mente apareciera existía; y además, de que la magia no existe.
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