Los pasillos del hogar de los marínibil se presentan tremebundos. Las bombillas, cuyo brillor se difumina, han decidido sortear cualquier recibimiento con su muerte. Por si fuera poco, su legado no es más que una "espléndida" sensación que resulta de lo pavoroso, escalofriante y aterrador. Así, el más pequeño de la casa, a modo ingenuo y, por tanto, algo estúpido; se dedica a subir y bajar la palanca de tensión para averigüar lo que en esta peculiar familia se trama. Esta vez, y como la tira de noches anteriores, atraca su lecho e intenta conciliar el sueño observando el techo que, ultimamente, actua como oyente del húmedo silencio.
¿QUÉ LE PASA A LOS MARÍNIBIL?
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