Y parece que cuando el sol calienta, todo lo que la oscuridad albergaba, desaparece. De pronto, comenzamos a hacer de nubes pareidolias; hasta tal punto, que se convierten en objeto de estudio y deleite. Las cataratas del Niágara estan siendo humilladas por aquello que ante nuestras pequeñas pupilas se encuentra. A su vez, nuestra mente sumida en una rotunda inconsciencia, se asemeja a un castillo de tetris que se va desencajando.
En adición y, por si fuera poco, bajo todo ello se encuentra lo que el brazo humano no puede controlar: el mar. ¡pero que juguetón está hoy!
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