
Cuan día cualquiera, salimos al abordaje y rumbo a la calle. Miles de cuerpos encabezados obstruyen nuestro paso y nosotros, creyendo esquivarlos; huímos de nuestros pensamientos. El ritmo se acelera y el sentido de nuestro rumbo se va desvaneciendo poco a poco.Así, de un momento a otro nos damos cuenta de que pese a activar continuamente el flujo de negras y blancas, acelerar nuestra actividad y no descansar; el dilema moral que nos atrapa, nos concierne e incluso llega a convertirse en característica de nuestra especie; no desaparece.
Vivimos en conflicto con nuestras propias mentes, confundimos el bien del mal, no entendemos lo que nos rodea o lo que la sociedad en sí misma ha llamado "vivir". A veces, incluso, detestamos nuestra propia personalidad o no sabemos como vivir la vida. Otras, nos abofeteamos el pecho para activar el riego sanguineo, agarramos nuestras piernas y nos forzamos al andar, de nuevo: al abordaje.
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